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Mostrando las entradas de marzo, 2025

Parece que no te conoces a ti mismo, chico [Sobre «The Lighthouse» (2019) de Robert Eggers]

Hace poco terminé de leer «Azul casi transparente» de Ryu Murakami y «Agujero» de Hiroko Oyamada. Ryu incluía una serie de canciones en la novela. El paisaje sonoro que él hizo que existiera dentro de ella me llevó a comprenderla como una gran pieza musical redonda, más que una obra literaria en sí misma. Cuando estuve a la mitad de Azul casi transparente, imaginé que los libros podrían ser recordados como canciones, que el nombre de todas las canciones, son, en realidad, el rostro de alguien. Con The Lighthouse (2019) de Robert Eggers, los personajes dicen poco —o casi nada— mediometraje. En su lugar, lo único que tiene sitio son los sonidos de conjuntos vacíos. Si no existe una música en el film, ¿con qué única, y última imagen, será recordado? El uso del espacio y los conjuntos vacíos en The Lighthouse son incómodos. Cuando la vi por primera vez, esperé que ese formato cuadrado en el que era filmado, fuese sencillamente un prelude . Un ejercicio de cine de autor .  La miré, po...

El último eslabón [Sobre << El Gran Hotel Budapest >> (2014) de Wes Anderson]

  El Gran Hotel Budapest  (2014), dirigida por Wes Anderson, es una obra maestra que combina una estética visual impecable con una narrativa intrincada y un humor negro que roza lo absurdo. La película es un festín para los sentidos, tanto por su diseño de producción meticulosamente simétrico como por su diálogo ingenioso y su elenco estelar, que interpreta a los personajes con una precisión y un encanto que solo Anderson podría lograr. El humor, aunque oscuro, es uno de los pilares de la película. Anderson lo utiliza no solo para entretener, sino también para subrayar la absurdidad de las situaciones y la naturaleza excéntrica de sus personajes. Este tono cómico, a menudo cercano al surrealismo, se mezcla con una palabrería culta y modales exquisitos que contrastan irónicamente con la caótica trama. Ralph Fiennes, en el papel de Monsieur Gustave H., el conserje del hotel, es el sumario de esta dualidad: un hombre de mundo refinado y educado, pero también un personaje lleno ...

La mesa de los secretos [Sobre 'Festen' (1998), de Thomas Vinterberg ]

 "Festen", estrenada en 1998, no es solo una película; es una experiencia cinematográfica que sacude al espectador. Dirigida por Thomas Vinterberg, esta obra maestra danesa buscaba despojar al cine de sus artificios y devolverle su crudeza esencial. La trama, aparentemente sencilla, se desarrolla en el seno de una celebración familiar: el 60 cumpleaños de Helge. Sin embargo, la aparente armonía se resquebraja con un discurso que revela los oscuros secretos que han corroído a la familia durante años. Vinterberg nos aborda con una propuesta fuerte, al erradicar la iluminación artificial, los efectos especiales y la música incidental, optando por una estética cruda y realista. La cámara en mano, la luz natural y el sonido directo crean una sensación de inmediatez y autenticidad que sumerge al espectador en la angustia de los personajes. "Festen" trasciende la mera narración de una historia; es una exploración profunda de la naturaleza humana, de la capacidad de negació...

Sueños de neón [Sobre 'Lost in Translation' (2003), de Sofia Coppola]

¿A dónde van las personas con los corazones rotos? Quizá a una ciudad basta, quizá a una ciudad con más de veinte millones de almas que pululan sin rumbo, que bailan, que retozan como en un sueño. Quizá lo cierto sea que estamos perdidos, que toda nuestra generación flota a la deriva, desconectada del mundo, enjaulada en jaulas de puertas abiertas. Si no, ¿cómo explicar el encuentro entre un hombre en sus cincuenta y una muchacha en sus veinte, dos extraños que, en lugar de llenar el vacío con palabras, optan por el silencio, por el lenguaje de las miradas, de los gestos mínimos, de lo que se dice sin pronunciarse? En Lost in Translation (2003), la ciudad se convierte en un espejo de esa dualidad: de un lado, la megalópolis nocturna, vibrante y caótica, donde Charlotte (una jovencísima Scarlett Johansson de apenas dieciocho años y que aparentaba veinticinco) y Bob (Bill Murray, el de siempre) se pierden como niños que juegan a escapar de la realidad; del otro, los templos silenciosos ...