¿Cuántas veces juzgamos y buscamos algún culpable de las situaciones que nos afligen a nosotros o aquellos a quienes amamos? ¿Cuántas veces somos realmente conscientes de los monstruos que nos rodean y con los que luchamos? ¿Es que acaso existen esos monstruoso o solo tenemos prejuicios ante aquello que desconocemos? En Monster de Hirokazu Koreeda (2023), estas preguntas no buscan ser respondidas, pero si generadas en los espectadores. Las dudas y los dedos que señalan a enemigos no faltan en esta cinta, nos pasamos toda la película intentando encontrar, resolver y juzgar a aquel monstruo que nos fue prometido desde el inicio. Nos cuesta entender, una vez finalizada la experiencia, que el tema nunca se trató de encontrar al monstruo; al culpable de los problemas, sino de cómo el miedo, lo desconocido y el amor son parte de la vida desde la juventud y hasta la vejez. Nuestro punto de vista comienza desde el esfuerzo por hacer las cosas bien, intentar llenar expectativas autoimpuestas, e...
¿Cuántas veces juzgamos y buscamos algún culpable de las situaciones que nos afligen a nosotros o aquellos a quienes amamos? ¿Cuántas veces somos realmente conscientes de los monstruos que nos rodean y con los que luchamos? ¿Es que acaso existen esos monstruoso o solo tenemos prejuicios ante aquello que desconocemos?
En Monster de Hirokazu Koreeda (2023), estas preguntas no buscan ser respondidas, pero si generadas en los espectadores. Las dudas y los dedos que señalan a enemigos no faltan en esta cinta, nos pasamos toda la película intentando encontrar, resolver y juzgar a aquel monstruo que nos fue prometido desde el inicio. Nos cuesta entender, una vez finalizada la experiencia, que el tema nunca se trató de encontrar al monstruo; al culpable de los problemas, sino de cómo el miedo, lo desconocido y el amor son parte de la vida desde la juventud y hasta la vejez.
Nuestro punto de vista comienza desde el esfuerzo por hacer las cosas bien, intentar llenar expectativas autoimpuestas, el esfuerzo por llenar vacíos que no hemos provocado. La madre de Minato se preocupa naturalmente por su hijo e intenta llenar el vacío que dejó la pérdida de su padre, dándole amor y atención en lo más que puede, pero cuando empieza a notar esos cambios de comportamiento extremos e inentendibles desde su lugar, algo desconocido para ella, su preocupación aumenta y busca a algún culpable de estos cambios.
Aquí es donde comienza el juego mental que la película se encarga de mantener durante todo el trayecto. Creemos encontrar a un culpable, un profesor que tiene mala fama entre los estudiantes, del cual se corre la voz de que abusa físicamente del joven Minato. Creemos y juzgamos según lo que vemos. Pensamos haber encontrado al monstruo, pero entonces descubrimos que pueden ser más, la directora de la institución y los demás profesores entran en el punto de mira al tener un comportamiento que nos resulta extraño y desconocido.
Descubrimos cosas de los personajes conforme avanza la trama y vamos armando un rompecabezas, uno lleno de desconfianza y miedo hacia aquel monstruo que no ha salido a la luz completamente. Una vez los problemas ya parecen haber acabado, tras la expulsión del profesor, vemos la realidad de este, un hombre que nunca buscó causarle daño a ningún niño y que lidia con sus propios problemas. Entonces nuestra perspectiva cambia, empezamos a dudar, buscamos a otro culpable y nos dan más pistas que parecen apuntar a Minato como el verdadero monstruo de la historia.
Las cosas no van bien para el profesor, que sin haber hecho nada de lo que se le acusa no pudo defender su nombre, no se le permitió y mucho menos recibió apoyo de aquellos a quienes consideraba cercanos. Este llega a sentirse desesperanzado, fuera de sí y busca acabar con estos problemas sea de una forma u otra. Sabemos, a este punto de la historia, que el profesor no es el culpable, pero también descubrimos un secreto de la directora, algo perturbador, que cambia nuestro enfoque de la tragedia a lo sádico.
La directora causó la muerte de su nieto y, en busca de no manchar su nombre, la culpa no cayó sobre ella, sino en su marido. Este acto al principio aparenta maldad pura, sin embargo, cuando nuestro punto de vista cambia nuevamente y vemos en carne y hueso la vida de la directora, comprendemos que esta siente una culpa y remordimiento brutal por sus actos, no es un monstruo sin sentimientos, su marido comprende la situación y por voluntad se culpó a sí mismo, intentando darle a la directora una vida fuera de la etiqueta que nosotros le pusimos al juzgarla.
Entonces nos queda un punto de vista más, el de Minato, nuestro protagonista que ha sufrido nuestro olvido a lo largo del filme. Podemos ver de primera mano los verdaderos acontecimientos y nuevamente buscamos con desespero encontrar a ese monstruo y creemos al fin haberlo hecho. Nos encontramos con Yori, un dulce muchacho de la clase de Minato, parece que hemos al fin encontrado la causa de todos los problemas y esta vez tenemos razón, pero no como lo pensamos. Nos tomamos la libertad de considerar al inocente muchacho como el monstruo, la película inteligentemente nos hace creer que es así.
Nos trasladamos al pasado y vemos los acontecimientos desde el inicio, desde el incendio del edificio, aquel muchacho fue el causante de esto, no por maldad pura, sino por dolor. El muchacho se considera a sí mismo enfermo, alguien con cerebro de cerdo como lo llama su padre. En este punto comenzamos a conectar hilos sueltos de la trama y notamos la genialidad de esta: “nada está por casualidad”, decía mi gran compañero Miguel Barrios Payares al hablar sobre el filme y no pudo tener más razón.
Los cambios de Minato toman sentido al comprender cómo este está lidiando con sus propios monstruos y cambios, luchando con lo que desconoce y siente que está mal. Se considera a sí mismo enfermo también e indigno de la memoria de su padre, su negación comienza a surgir al intentar separarse de su nuevo vinculo con Yori, tanto física como socialmente. Busca reusarse a la enfermedad del cerebro de cerdo. Tiene miedo de lo que siente, pero no puede ocultárselo a una sola persona, a él mismo.
Los abusos físicos sí existen en el largometraje, pero no están presentes en Minato, solo en Yori, el dulce muchacho es agredido física y psicológicamente por su padre, quien busca “curarlo” de su enfermedad. En este punto intentar buscar al monstruo en el padre de Yori ya deja de tener sentido, ya hemos comprendido que buscar a un culpable total de todos los problemas no nos lleva a nada. Al contrario, intentar comprender y ver los otros puntos de vista nos ha dejado en un punto mucho más cómodo como espectadores de la cinta.
Es innegable la crítica hacia la sociedad y sobre todo hacia la individualidad, a nuestra costumbre de juzgar y buscar culpables de lo que sentimos, del miedo que tenemos o del amor que no somos capaces de expresar. La película representa la homosexualidad, sin duda, pero ese no resulta ser el tema principal, resulta ser una sorpresa para el espectador, pero ya hemos avanzado tanto que resulta ser una mezcla de emociones.
Al igual que Minato, nos sentimos confundidos y sin guía, no sabemos qué pasará, nos fijamos tanto en buscar algo que supuestamente era lo correcto, como identificar quién era el monstruo, que cuando descubrimos el vinculo de Yori y Minato, nuestra perspectiva cambia y nos sentimos fuera de lugar al comprender que nuestra visión nunca estuvo acertada. Fuimos víctimas de la narrativa y solo hay dos caminos; comprender que no existen puntos de vista exactos y correctos o intentar encontrar al monstruo que no existe.
La película sabe que durante todo el trayecto nuestras ideas han cambiado mucho gracias a una visión que se fue expandiendo a lo largo de conocer a cada personaje, esta espiral de acontecimientos que fluyen hacia una verdad inexacta y hacia personajes imperfectos nos genera cuestionamientos más grandes al intentar comprenderla.
La verdad es que nunca hubo un monstruo o culpable total de las tragedias o los dolores ajenos. El padre de Yori lo abusaba, los compañeros de clase también, Minato lo rechazaba ante los demás, lo desconocido o inhabitual suele ser juzgado y rechazado, al igual que nosotros hicimos con los personajes que se fueron presentando y que, al finalizar, comprendimos, no eran esencialmente malos y pudimos identificarnos con ellos.
No siempre logramos comprender o entender lo que sentimos y no tiene nada de malo, la vida no es perfecta y nosotros tampoco, pero eso no significa que no seamos dignos de amor y de felicidad. En la película, la directora se dirige a Minato con las siguientes palabras refiriéndose a la felicidad: “Si solo algunas personas pueden tenerla, eso no es la felicidad. Eso es solo una tontería. La felicidad es algo que cualquiera puede tener”. Esta frase se siente pesada por el ambiente de la escena, Minato acepta que está “enfermo” al igual que Yori y que esta frase sea dicha por la directora, quien sabemos causó la muerte de un ser querido, se siente mucho más significativa y pesada.
A lo largo de la película se toca el tema de la resurrección y la vida después de la muerte, comprendemos que el renacer no solo se trata del cuerpo físico, también hay un renacer mental y espiritual, que también es parte de esa espiral de la vida y la muerte. No podemos ser la misma persona a lo largo de una sola vida, hay que cambiar tarde o temprano. Hay que dejar el miedo hacia lo desconocido, hacia los monstruos imaginarios.
El intentar conseguir un final absoluto sería olvidar la enseñanza que nos deja la película, no existe una verdad total, por ende, lo mejor sería permitir que el final se interprete a la manera que el espectador más prefiera. No permitan que las rejas invisibles de la verdad ajena los dejen por fuera de sus propias verdades. Construyan su propia fortaleza donde puedan sobrevivir y renacer cada vez que busquen la verdad en sí mismos. Lo dicho: “No hemos renacido, somos los mismos”.
Ficha técnica:
Título original: Kaibutsuaka
Año: 2023
Duración: 126 min.
País: Japón
Dirección: Hirokazu Koreeda
Guion: Yuji Sakamoto
Música: Ryūichi Sakamoto
Fotografía: Ryûto Kondô
Distribuidora: Gaga Communications Inc, TOHO
Género: Drama




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