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Parece que no te conoces a ti mismo, chico [Sobre «The Lighthouse» (2019) de Robert Eggers]

Hace poco terminé de leer «Azul casi transparente» de Ryu Murakami y «Agujero» de Hiroko Oyamada. Ryu incluía una serie de canciones en la novela. El paisaje sonoro que él hizo que existiera dentro de ella me llevó a comprenderla como una gran pieza musical redonda, más que una obra literaria en sí misma. Cuando estuve a la mitad de Azul casi transparente, imaginé que los libros podrían ser recordados como canciones, que el nombre de todas las canciones, son, en realidad, el rostro de alguien. Con The Lighthouse (2019) de Robert Eggers, los personajes dicen poco —o casi nada— mediometraje. En su lugar, lo único que tiene sitio son los sonidos de conjuntos vacíos. Si no existe una música en el film, ¿con qué única, y última imagen, será recordado? El uso del espacio y los conjuntos vacíos en The Lighthouse son incómodos. Cuando la vi por primera vez, esperé que ese formato cuadrado en el que era filmado, fuese sencillamente un prelude . Un ejercicio de cine de autor .  La miré, po...

Luna negra [Sobre «Perro come perro» (2008) de Carlos Moreno]

 

 

A pesar de que el cine colombiano parece obsesionarse con los mismos temas, y sus jergas y estéticas ya suenan a sonsonete, Perro Come Perro tiene méritos tanto audiovisuales como narrativos que merecen ser destacados. La película de Carlos Moreno se aleja de la línea de sus predecesoras más conocidas, como Vendedora de Rosas (1998) y La virgen de los sicarios (2000), y propone algo diferente. Lejos de ser solo una película de cine negro, sobre gangsters o policiaca, funciona como un estudio profundo de personajes, meticulosamente construidos, que habitan el mundo del hampa. La propuesta de Perro Come Perro no se limita a ser una mera historia de crímenes y violencia, sino que explora las motivaciones humanas detrás de las decisiones y traiciones dentro de este universo.

La película se distingue por su enfoque en la psicología de sus personajes. Estos, aunque inmersos en un ambiente de corrupción, violencia y tráfico, están definidos con rigor, lo que les otorga una humanidad compleja. El conflicto central gira en torno a tres personajes radicales, atrapados en situaciones difíciles relacionadas con deudas materiales y espirituales. La traición, el nepotismo, la discriminación, el interés propio, y la venganza, todos se entrelazan en un drama donde cada uno de los involucrados debe enfrentarse no solo a su entorno, sino a sí mismo, como si fueran sus propios antagonistas. Los recursos narrativos, inesperados en ocasiones, como la brujería, añaden una capa de surrealismo a un drama de acción crudo y realista.

Aunque es una historia lineal, que podría parecer sencilla, la habilidad de Moreno para construir personajes complejos logra cautivar al espectador desde los primeros minutos. La película se mueve con un ritmo pausado, lo cual podría parecer una desventaja para los fanáticos del cine más dinámico, pero este ritmo tiene un propósito: permitir que el espectador se adentre en los dilemas internos de los personajes. La ambición, los conflictos personales y la moral ambigua juegan un papel fundamental, y la narrativa no se apura en desvelar sus capas.

En este filme, la tensión se genera en el enfrentamiento entre los tres protagonistas, cuyas decisiones parecen tener siempre consecuencias fatales. La famosa frase “el perro grande come al perro pequeño” es el principio rector de la película, simbolizando una lucha brutal por el poder y la supervivencia. La relación de estos personajes con el entorno —y entre sí— es de treguas temporales, donde las alianzas se construyen y se rompen sin descanso. Es un juego de ajedrez donde cada movimiento puede resultar en una traición o un golpe mortal.

Otro de los grandes logros de esta pieza es su propuesta visual, que no solo captura la esencia de Cali, sino que también la convierte en un personaje de la misma magnitud que sus protagonistas. Cali no es la ciudad colorida ni vibrante que normalmente se asocia con la "sucursal del cielo". En lugar de la imagen tradicional de una ciudad cálida y festiva, la Cali que vemos aquí está sumida en un ambiente de desesperación. El sol brillante y el calor aplastante se traducen en una atmósfera opresiva, que se refleja en el sudor y la fatiga de los personajes, así como en la tonalidad ocra y desolada que pulula en cada uno de sus espacios.

Es cierto que el cine colombiano, en ocasiones, se ha visto encasillado en una visión reduccionista de la sociedad, donde las historias de narcotraficantes y sicarios predominan. Sin embargo, la película destaca por tratar el tema desde una mirada más compleja, humanizando incluso a los personajes más violentos y mostrándolos atrapados en un sistema que los devora. La película no es una apología del crimen, sino una reflexión sobre la corrupción y la lucha de clases, mostrando cómo el sistema afecta y destruye a todos sus actores, independientemente de su "bando".

A través de su crudeza visual y emocional, Perro Come Perro deja claro que la violencia no es solo un asunto de criminales, sino de una sociedad entera atrapada en un ciclo de opresión, ambición y traición, donde los "perros" luchan por su supervivencia, sabiendo que la lealtad es una moneda escasa y, en muchos casos, irrelevante.

FICHA TÉCNICA
Director: Carlos Moreno
Guión: Carlos Moreno y Alonso Torres
Reparto: Marlon Moreno, Oscar Borda, Álvaro Rodríguez, Blas Jaramillo.
Productor: Diego F. Ramírez
Productores ejecutivos: Diego F. Ramírez, Carolina Barrera y Rodrigo Guerrero
Director de Fotografía: Juan Carlos Gil
Música Original: SULTANA
Colombia – 2008 – 97 min.



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