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Parece que no te conoces a ti mismo, chico [Sobre «The Lighthouse» (2019) de Robert Eggers]

Hace poco terminé de leer «Azul casi transparente» de Ryu Murakami y «Agujero» de Hiroko Oyamada. Ryu incluía una serie de canciones en la novela. El paisaje sonoro que él hizo que existiera dentro de ella me llevó a comprenderla como una gran pieza musical redonda, más que una obra literaria en sí misma. Cuando estuve a la mitad de Azul casi transparente, imaginé que los libros podrían ser recordados como canciones, que el nombre de todas las canciones, son, en realidad, el rostro de alguien. Con The Lighthouse (2019) de Robert Eggers, los personajes dicen poco —o casi nada— mediometraje. En su lugar, lo único que tiene sitio son los sonidos de conjuntos vacíos. Si no existe una música en el film, ¿con qué única, y última imagen, será recordado? El uso del espacio y los conjuntos vacíos en The Lighthouse son incómodos. Cuando la vi por primera vez, esperé que ese formato cuadrado en el que era filmado, fuese sencillamente un prelude . Un ejercicio de cine de autor .  La miré, po...

“No. No soy tu Moudan” [Sobre «Suzhou River» (2000) de Lou Ye]

 

El río corre tranquilo, alrededor: miles de rostros anónimos contemplan el eterno viaje de las aguas. Parece benévolo, pero en sus profundidades se esconde el misterio. Este río, como los paisajes propios del Romanticismo, no es un mero telón de fondo, tiene vida propia y define el destino de las personas.

Suzhou River es un film simple en apariencia, experimental y cargado de intriga, donde es posible apreciar dos historias que terminan siendo una sola. De entrada, esperas la de un videocamarógrafo (una voz en off) y Meimei, una bailarina que hace de sirena en un bar de mala muerte. Por momentos, su tristeza evanescente y sin razón, la equipara con la Alejandra de Sobre héroes y tumbas. Pero enseguida, un giro inesperado; la voz comienza a contar la historia de Mardar y Moudan. Él, un mensajero que recorre en una motocicleta robada las calles sórdidas de Shanghái. Ella, una niña de 16 años que cae perdidamente enamorada. Los viajes que realizan por la ciudad nos muestran otra cara de China: callejones oscuros, construcciones en ruinas, gentes yendo sin rumbo; al fondo, el río que espera con paciencia.



Lou Ye construye este drama a partir de imágenes pegadas en el tiempo; esa voz que ya he mencionado cuenta desde el presente lo que ha sucedido en un pasado ajeno que por una suerte de artilugio termina unido a su propio presente. Ese acto mágico toma vida con Meimei y Moudan. Las “mismas” pero distintas llevan a que Mardar transite por un círculo donde la memoria puja por no sucumbir en el olvido. Moudan ya había dado su sentencia: “regresaré convertida en sirena” y es una sirena (Meimei) la que lo deja en suspendido en un limbo, hasta que el río le cobra las desventuras vividas por la chiquilla enamorada.


El plano estético (la belleza visual) creado por el director chino tal vez sea lo que más se destaca de la película. Por un lado, se presentan los contrastes entre el cemento y la naturaleza. La quietud del río y el caos que reina en una ciudad derruida que se parece a los personajes que habitan en ella. La oscuridad, la opacidad y la luz; la belleza y la fealdad. Todo imbuido en una especie de cocktail apenas propio para perderse, como Moudan, como Meimei.

El viaje laberíntico, como el del Minotauro de Borges, llega a su fin. Mardar encuentra a su sirena, la verdadera; y en el intento por rehacer el camino, la fuerza implacable del río aparece seductora y mordaz. Escupidos por las aguas, el mensajero y la pequeña descansan en la suavidad del pavimento como trofeo inequívoco del misterio líquido. 


Dirección: Lou Ye

Producción: Philippe Bober, Nai An

Guion: Lou Ye

Música: Jörg Lemberg

Fotografía: Wang Yu

Reparto: Xun Zhou, Hongsheng Jia, Zhongkai Hua, Anlian Yao, Nai An.

País: China

Año: 2000

Género: Drama

Duración: 83 minutos




Comentarios

  1. Qué hermosa película. Está claro que no se necesitan ni efectos especiales ni estrellas multimillonarias para construir una gran historia. Coincido con esa visión inicial que tiene nuestro protagonista sobre Meimei y que tú pones en paralelo con la Alejandra de Sobre héroes y tumbas. Tan lejos, pero tan cerca en esa visión de la mujer fatal y enigmática que pone patas arriba la vida de una persona.
    Maestro, qué buena reseña.

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  2. Muchísimas felicitaciones primo hermano.Dios te Bendiga 🙏 siempre para que sigas plasmando con tú pluma,muchos más Obras literarias.

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