Hace poco terminé de leer «Azul casi transparente» de Ryu Murakami y «Agujero» de Hiroko Oyamada. Ryu incluía una serie de canciones en la novela. El paisaje sonoro que él hizo que existiera dentro de ella me llevó a comprenderla como una gran pieza musical redonda, más que una obra literaria en sí misma. Cuando estuve a la mitad de Azul casi transparente, imaginé que los libros podrían ser recordados como canciones, que el nombre de todas las canciones, son, en realidad, el rostro de alguien. Con The Lighthouse (2019) de Robert Eggers, los personajes dicen poco —o casi nada— mediometraje. En su lugar, lo único que tiene sitio son los sonidos de conjuntos vacíos. Si no existe una música en el film, ¿con qué única, y última imagen, será recordado? El uso del espacio y los conjuntos vacíos en The Lighthouse son incómodos. Cuando la vi por primera vez, esperé que ese formato cuadrado en el que era filmado, fuese sencillamente un prelude . Un ejercicio de cine de autor . La miré, po...
“Las piedras no sufren del
mal de piedra sino del
duro silencio”
Luis Alberto Murgas
Al escudriñar el mundo cinematográfico colombiano para muchos resultaría indeterminado establecer la génesis del mismo, dado que existe una escasa evidencia documental del mismo. Además, nuestra cultura cinéfila parecería estar marcado por las grandes producciones de las últimas décadas.
Entendiendo el acotado panorama histórico del cine colombiano, Pirotecnia se inscribe como un documento audiovisual que intenta conectar los retazos de una historia cinematográfica tumultuosa, que termina atravesada por los avatares propios de un proyecto de país fallido. Es así como Federico Atehortúa, director de la pieza audiovisual, se plantea documentar los inicios y desarrollo del cine colombiano. Sin embargo, en ese viaje a la memoria termina confrontándose con una realidad personal y social que lo lleva a repensar el objetivo de ese documento filmográfico.
La narración inicia con el testimonio de un antiguo soldado colombiano que cuenta su experiencia con los cuerpos de unos campesinos que fueron pasado como bajas guerrilleras en combate, episodio que abrió uno de los capítulos más oscuro de la cruenta violencia en Colombia, lo mal llamado falso positivo. Luego, se entra a la escenificación del intento de magnicidio al presidente de la época Rafael Reyes (1906), el cual hace una puesta en escena de tal episodio, y la posterior ejecución publica de los cuatro perpetradores de ese hecho. Este documento fotográfico quedó reseñado por el periódico El correo nacional que hasta la fecha se considera como la primera pieza cinematográfica colombiana. Cuando se creería que emprenderíamos un viaje a través de la historia del cine colombiano, se empiezan a entrecruzar la historia personal del director con el inexplicable mutismo de su mamá, y el grado de verdad que encierran las imágenes que acompañan el proyecto audiovisual.
Pirotecnia se configura como una propuesta narrativa zigzagueante, en la que la historia del cine colombiano se mezcla con el mutismo de la mamá del director, la recreación macabra de los falsos positivos, y el soporte de veracidad que se conjugan en esas imágenes con una voz subvertida. Con lo anterior, Atehortúa plantea la discusión sobre narrativa manipulada a través de las imágenes que trastocan su voz o, en el peor de los casos, la silencian. Ese silencio que dialoga con la ausencia sonora de su mamá, que al igual que esas imágenes son borrados del imperio de la memoria, porque al final lo primero que se olvida de una persona es su voz.
En esa disertación que nos plantea el director, las imágenes adquieren un valor en la medida que se pueda internalizar que la verdad que se busca no esta a través de ellas, sino en el posicionamiento critico de quien la genera o produce, porque el dispositivo fotográfico construye narrativa ajustada a una realidad subvertida de quien intenta visualizarse bajo un halo de verdad y faro de conciencia moral, sin entender que la verdad trasciende a una realidad colectiva y se inserta en ese deseo individual de lo que queremos ser o como buscamos proyectarnos a nosotros mismo.
Ficha técnica
Dirección y guión: Federico Atehortúa
Duración: 82 minutos
Producción: Jerónimo Atehortúa
Fotografía: Mauricio Reyes
Música: Carlos Quebrada Vásquez
Productora: Invasión cine
Colaboración: Montañero cine
“Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo": esta frase del filósofo español Jorge Ruiz de Santayana nos recuerda la importancia de la memoria histórica y desde un punto de vista académico el valor significativo de compartir espacios que además de ser recreativos generen una crítica y una posibilidad de preservación experiencial a través de la recuperación de la historia que sí bien, no sé vivió físicamente por muchos, sería un crimen abandonar la conciencia y la identidad de esta que como individuos nos convierte en la imagen de un país y su gente. Muy buena reseña, sería maravilloso apreciar más películas de esta categoría que, además de avivar el ambiente permitan recobrar la memoria y generar nuevos espacios para representar e identificar no solo una pasión por el cine y los elementos propios de este sino también por el recorrido y la manifestación temporal en el mismo.
ResponderBorrarExcelente apunte, fácilmente establecer como un párrafo de la reseña. Gracias por ese aporte.
Borrar